Más de un siglo de pureza pontevedresa
De las fuentes del Lérez al manantial de Sanxines: la historia de un agua que nunca dejó de fluir

Innovación y embotellado
Visionario para su tiempo, Casimiro Gómez impulsó una de las primeras plantas de embotellado de Galicia.
Las aguas se envasaban en botellas de vidrio grueso, selladas para preservar su gas natural con un tapón metálico de plomo o estaño, precinto habitual que garantizaba la pureza y el origen durante el transporte.
Gracias a esta innovación, Aguas del Lérez se consolidó como una de las aguas más prestigiosas del noroeste peninsular a comienzos del siglo XX.
Nacida para exportar
La calidad y elegancia de Aguas del Lérez la llevaron más allá de Galicia.
Fue exportada a países como China, India, Inglaterra, Argentina, Egipto o Australia, y llegó a ser proveedora de la Casa Real Española, además de ser suministrada a la White Star Line, operadora del legendario Titanic.
Un hito excepcional para una marca gallega en una época en la que muy pocas aguas españolas lograban proyección internacional.

Renacimiento contemporáneo
Más de un siglo después, Aguas de Lérez vuelve a fluir con una mirada contemporánea.
Un agua de mineralización muy débil, equilibrada y fresca, a la que añadimos gas natural para recuperar la efervescencia original que la hizo célebre.
Cada botella es un homenaje a la geología gallega, al clima atlántico y al carácter honesto de Pontevedra.

1906 El balneario de Lérez
En 1906, a orillas del río Lérez y en el entorno de Monte Porreiro, el empresario gallego Casimiro Gómez Cobas inauguró el Balneario del Lérez, convertido pronto en símbolo de modernidad y bienestar.
Frecuentado por familias acomodadas e intelectuales, sus aguas mineromedicinales carbónicas, de ligera efervescencia natural, fueron reconocidas por su pureza y propiedades digestivas, marcando una época dorada para Pontevedra.

Desaparición y legado
La Guerra Civil marcó el final del histórico balneario.
Con el tiempo, el paisaje original desapareció, la urbanización de Monte Porreiro alteró el paisaje y contaminó el acuífero original, haciendo imposible recuperar las surgencias que habían dado fama a aquellas aguas legendarias. Pero el espíritu del Lérez permaneció.
Hoy, ese legado renace en el manantial de Sanxines, en el Monte Xiabre, donde el agua brota entre granito y bosque atlántico.

